domingo, 18 de diciembre de 2011

Pesadilla, I.

•|1|. Luna.

-Con que, se han largado... ¡pues vayanse!.- se notaba en su semblante una lóbrega y muda tristeza.
De cabello cano, de mirada triste, casi muerta, anciano, podría fríamente decirse, lo que queda de un humano.
Era de noche y su hijo se marchaba en busca de su amada, la nieve, tan blanca como su alma, apenas mostraba resistencia a sus pesados pasos.
-oh, vida mía ¿donde te he de encontrar?- se decía.

Noches antes, a punto de regalarse el uno al otro su alma, los habían separado... Ella prometió decirle algo sumamente importante; el, iba a decirle todo sentimiento que en el se alojaba. Pero ahora estaban lejos, no sabia donde.

"¿Qué es la cosa tan importante que me diría? ¿Será acaso, que siendo fuerte lo mio, ella también me ama? Yo solo le diría que le amo y... Ella me ama. Lo presiento... Todo este tiempo, y su mirada... Luna, he de encontrarte...". Pensamientos lo acosaban, antojaban ser ciertos.

Desde su alejamiento, los días tristes eran tediosos sin su Luna, pero cielos, las noches... Esas noches eran eternas sabiendo que no estaba con su Luna, sino con aquella también hermosa y brillante, pero no igual luna...

Se escondió cerca de unos robles, fuertes a diferencia de él. La nieve apenas contrastaba con su piel pálida, el brillo de esa luna invadía sus ojos empujando y expulsando de si sus lágrimas... Al otro lado de esa montaña vivían Luna y su familia, pero el creyó posible que ni siquiera estuviese ahí ya, por la situación.

Entre nubosos pasajes, recordó todo. Ella, tan perfecta, su pelo largo, su hermoso rostro, ella, toda ella... No pudo evitar llorar por ella. Ambos sufrieron pero esta vez el tenia que ir por ahí, a buscarla... Una vez más.

"Te buscaré mil veces, me vestiré de nieve, degustaré la muerte, todo, si pudiese un momento verte..."

Pasaba la media noche, recordar no era hacer algo, prometer no era sinónimo de cumplir, emprendió la marcha.

Había escuchado de brujas, de demonios, de duendes, todo ese tipo de cosas, nada le importaba.

Corrió, corrió hasta no sentir sus pies. Lloro hasta que le ardieron los ojos...

"Hermosa luna, permitame hacerle compañía una noche más, solo una..." Eran delirios, seguía soñando con el encuentro perfecto... Mas no conseguía más que ahogarse en sus pensamientos.

Faltaba poco, faltaba mucho...

¿Era al otro lado de la montaña, del pueblo, del mundo, o... De la vida? De cualquier modo lo haría...

Hacia frío, le apetecía algún bocado, moría de hambre. Miro algo extraño a lo lejos, volaba, reía... Sintió ese terrible frío, resistible, por su amada...

Descendió, había volado hasta ahí, el no sabia para qué. Era bajita, de nariz larga y chueca, de un pálido enfermizo, cuando mostro su rostro se hizo notable su falta de ojos...

-Así que, vagas tan noche por aquí eh... Parece que estas cansado, ¿qué buscas por estos lugares?-La bruja se presento, fingiendo cortesía.

El estaba aterrorizado, no creía en "esas cosas", pero lo estaba mirando, aunque pensó que era una alucinación por el tiempo sin comer, y en el frío, aun así accedió a presentarse.

-Ehr... Me llamo Franz... Yo... Yo busco a Luna, si... A mi Luna...-
-¿Luna? Hay muchas. ¿Te debe dinero?, ¿te ha vendido su alma?, o, ¿es esa horrenda luna que tenemos encima?.-Expreso, más fría que la noche.
-No... Es Luna, mía... Creo. Yo la amo, teníamos tantas cosas que decirnos pero sus padres nos han separado... Llevo buscandola un par de días, noches...-
-Amor, ¡ja!. Ustedes, creyendo en eso... Bueno, ¿y?, ¿acaso no haces caso de las advertencias de los viejos del pueblo? No puedes estar aquí.-
-Mitos... Eh... Si, eso me parecen... Parecían. Pero tengo que encontrarla... Y por lo menos mirar sus ojos una ves más... Creo que seguiré mi camino...-
-¡iluso!, ¿crees en verdad que soy un reflejo de tu estúpida mente?, no, no puedes seguir e irte de este territorio que nos pertenece a otros, no- dijo ella, entre carcajadas.
-¿se refiere a, qué?.- dijo Franz, con una mezcla entre hastío y miedo.
-si sabes de las advertencias, conocerás esto... Para irte tienes que hacer un, digamos, par de sacrificios- Le respondió, y mostro los terribles dientes de su sonrisa.

Franz supo entonces que, fuera o no producto de su malformada mente, era palpable, tanto que le aterrorizaba, tanto que era un peligro constante... Pero recordó a Luna, sus palabras, su misterio... El la amaba, y ella, ¿a el?. Si quería tener respuestas tenia que salir de aprietos, podría matar, si era preciso...

Se entrego sumiso a las ordenes de la bruja, antes de ella dictarle su sentencia, suspiro una tenebrosa pausa...•

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